Ayer por la tarde luego de mi jornada laborar decide sentarme en un Café y contemplar la gente pasar. Siempre me ha gustado hacer esto, me sorprende saber que cada ser humano es como un libro único, una historia en desarrollo forjada por los acontecimientos particulares vividos por cada individuo. Sin embargo, en medio de esa independencia que representa cada humano, existen acontecimientos que nos afectan a todos por igual.
Mientras estas personas pasaban frente a mí, en ese preciso momento, el Senado debatía y votaba por las propuestas presentadas para el presupuesto nacional en Washington D.C. No obstante, cuando regresé a casa y abrí mi computadora en busca de información acerca de este debate y votación, sentí como si fuera un déjà vu; el Senado no pudo ponerse de acuerdo en cinco propuestas para el presupuesto nacional. Ya vamos en la mitad de este año y devuelta estamos en el mismo tira y afloje del 2011.
El Senado no se ha puesto de acuerdo desde hace tres años para aprobar un presupuesto SERIO, sí con mayúsculas, que reduzca el déficit de la nación que en cifras actualizadas ya alcanza los $15.7 billones de dólares. Esto quiere decir que la deuda actual dividida entre cada contribuyente al erario estadounidense es de $138,463. Una cifra realmente escalofriante, teniendo en cuenta que el número de desempleados todavía se mantiene alto.
Lo que sucede en el Congreso no es una falta de capacidad intelectual para decidir en este tema, sino una persistente irresponsabilidad por parte de algunos congresistas y senadores, alentados por la Casa Blanca de mantener un gasto público alto. Se ha comprobado que estas políticas fiscales no mejoran la economía de los individuos y mucho menos de la nación. De hecho y de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales (Bureau of Labor Statistics), está proyectado que la administración actual tendría que gastar $1.5 billones de dólares en los próximos cinco años solamente en intereses sobre la deuda que ya tiene. Esta misma cantidad se podría utilizar para contratar 29 millones de policías, 32 millones de profesores o 34 millones de bomberos.
La realidad es que el gasto del gobierno está fuera de control y ya no podemos darnos el lujo de posponer decisiones difíciles. Es hora de que el Congreso apruebe recortes reales, sin trucos o recortes fantasma, sino recortes concretos en el gasto público.
En mi opinión, las siguientes ideas podrían ayudar a poner a Estados Unidos de nuevo en marcha. Primero, reducir la tasa de impuestos de las empresas. Segundo, reformar y preservar Medicaid; esto no quiere decir cortar completamente el programa, sino asegurarnos de que sea más efectivo para ayudar a quien realmente lo necesita. Tercero, trabajemos para eliminar el fraude, abuso y mal gasto que actualmente sufre el programa esencial de Medicare. Cuarto y último, iniciar el proceso de la privatización del Seguro Social; este mismo proceso se llevó a cabo en Chile y ha tenido mucho éxito.
En nuestras manos, nosotros los hispanos, tenemos un poder gigante para llevar a este hermoso país por un mejor camino - y es con el poder del voto. Este es un año de elecciones y debemos de educarnos para votar a conciencia. No dejemos que nos engañen con promesas de que papá gobierno nos puede proveer todo. Se ha comprobado que es el esfuerzo, y no la manutención del estado, lo que puede mejorar la calidad de vida del individuo y su familia.
En esta página: www.libreprospero.com podemos encontrar muchísima información precisa acerca del tema económico en los Estados Unidos. La información es poder.
Finalmente, somos historias diferentes transitando por una misma nación. No obstante, las decisiones que se tomen en el gobierno indudablemente nos afectan a la hora de escribir nuestra historia. Cambiemos nuestra historia y la de nuestras familias para bien. También, elijamos a consciencia a líderes que hagan su trabajo responsablemente - líderes que quieran ayudar a quitarnos el peso de esta deuda masiva de nuestros hombros.